domingo, 22 de febrero de 2009

Beber agua

Una entrevista muy interesante sobre el beber agua
Entrevistado:
Dr. Juan José Rufilanchas Sánchez (JJ:)
Cirujano cardiovascular del Hospital Ruber Internacional de Madrid.

Entrevistador:
Julio César Iglesias (JC:), periodista.

JC : Ahora mismo tenemos la moda del consumo extraordinario de agua, 2 ó 3 litros de agua al día. ¿Es objetivamente bueno el consumo de agua y en qué proporción?

JJ : El 60% - 70% de nuestro peso es agua. Hay una moda que consiste en estar tomando continuamente agua, y eso que para una persona normal no tiene mucha trascendencia, para los enfermos cardiópatas, sobre todo, es una barbaridad, porque al final lo que hacen es acabar con insuficiencia cardiaca o con líquido en los pies o en la tripa, lo que llamamos edemas; no tiene sentido que esos pacientes estén tomando diuréticos para extraer agua y sal, que es lo que no saben manejar bien y, sin embargo, estén tomando 2 ó 3 litros de agua diarios, como les hacen creer los medios: periódicos, televisión, etc...

JC : ¿En qué medida debemos consumir el agua?

JJ : Si uno tiene los riñones bien, el corazón bien y el hipotálamo -que es donde está el centro de la sed- también bien, pues debe de beber agua cuando tiene sed; ni una gota más ni una gota menos . ¿Qué es lo que ha pasado?.
Pues, primero, que hay una campaña de marketing muy importante para que todos bebamos agua, y seguramente llenemos los bolsillos de empresarios que no conocemos; y, segundo, el fenómeno del estar bien. Las esteticistas son nuestras grandes enemigas, son las que han convencido a mujeres, y a hombres también, de que bebiendo mucha agua se quitan las arrugas, y no es verdad, ya que no se quita ni una sola arruga bebiendo agua. Yo invito a nuestros lectores a que hagan una prueba: Que se pesen ahora mismo y, a continuación, se beban2 litros de agua, se vuelvan a pesar y pesarán 2 Kg. más, ya que cada litro de agua pesa un kilo. Esa agua va a los riñones, los cuales la van a filtrar enviándola a la vejiga. Cuando empiecen a orinar, en 1 ó 2 horas orinarán dicha agua. Se vuelven a pesar y pesarán lo mismo que al principio. ¿Qué han hecho? Han intercambiado el agua de su cuerpo. Al cabo de esas 2 horas, el número de moléculas de agua que hay en su cuerpo es exactamente el mismo que había 2 horas antes.Lo peligroso no es la deshidratación sino la intoxicación por agua.Los atletas que en los maratones se mueren o se colapsan, sabemos desde el año 2002, que es por intoxicación por agua. En la maratón de Boston, el año 2002, a 488 corredores se les sacó sangre antes y después de correr la maratón, y se vio que la mayor parte de los corredores tenían el sodio bajo, es decir, habían bebido demasiada agua; y que los que colapsaban y los que llegaban a la meta y perdían el conocimiento o estaban confusos, no sabían lo que hacían, pues todos ellos tenían intoxicación por agua. Ninguno de los que tenían cierta deshidratación, tenían ningún problema de confusión ni de síncope, es decir, que lo que mata es la intoxicación por agua y no la deshidratación.

JC : ¿Cuáles son los efectos de la bajada de los índices de sodio?

JJ : A partir de un sodio bajo, de menos de 125 partes por 1.000, se empieza a tener temblores, confusión, pérdida de memoria y, al final, uno se puede colapsar y hasta morirse. Tengo aquí la foto de una chica inglesa que había tomado drogas, se encontró mal y pensó que estaba deshidratada, y se bebió 3 ó 4 litros de agua inmediatamente. Y, ¿qué es lo que pasa? Que hasta que los riñones empiezan a filtrar esa agua, las células se hinchan transitoriamente y también se hinchan las células del cerebro, que están metidas en un cofre, que es el cráneo, que no se puede dilatar. Por lo tanto, las células del cerebro se encuentran aprisionadas, pudiendo llegar a un trastorno nervioso que lleva al coma y a la muerte. Debido a este mecanismo es por lo que se muere la gente que corre en los maratones: porque entran en edema cerebral y al final se puede uno morir por intoxicación de agua.

JC : ¿Los síncopes son accidentes siempre graves?

JJ : No necesariamente. Hay síncopes vasovagales que apenas tienen trascendencia. Los síncopes son un signo de alarma que hay que estudiar. Hay muchos tipos de síncopes, por ejemplo, la lipotimia es un síncope y nadie se alarma por una lipotimia sin más.

JC : ¿Cuál sería el consumo natural, aceptable, plausible de agua?

JJ : Hay dos puntos. La persona que está haciendo una vida normal, y el atleta o persona que entrena mucho. La persona que no hace ningún tipo de ejercicio físico importante, tiene que beber lo que tenga sed, ni una gota más ni una gota menos. Tenemos el centro de la sed y si, por ejemplo, usted se come ahora una anchoa (anchoveta salada en conserva) que contiene mucha sal, a los cinco minutos necesita usted beber, y lo que le pide su cuerpo beber es la cantidad de agua exacta que usted necesita para disolver la sal que contiene esa anchoa. Es un mecanismo tan fino que no lo puede duplicar nadie, y, sobre todo, no lo puede duplicar la televisión, donde se ve un anuncio que invita a tomar 2 ó 3 litros de agua al día. Eso es publicidad engañosa y alguien deberá meter mano en esta historia, porque eso no induce más que a que gane mucho dinero gente que nos está engañando. Los atletas es otro problema. Siempre se ha dicho a los atletas 'bebe por delante' y eso además se ha trasmitido también al público. Bien, pues está claro que el atleta bueno, el que gana el maratón, ha bebido mucha menos agua que el que llega de último. El último es el que ha estado bebiendo todo el tiempo y al final tiene intoxicación por agua. Bueno, igual bebe porque no es bueno, y su carrera en vez de 2 horas dura 6 horas Los atletas buenosbeben poco y, en todo caso, están un poco deshidratados, no sobrehidratados. Estar sobrehidratado no es nada bueno.

JC : ¿A usted le parece que beber 3 litros de agua diarios es una barbaridad?

JJ : Sí, me parece una barbaridad, ya que lo único que está haciendo es intercambiar su agua. Si de verdad el agua le hubiese servido para algo, a la mañana siguiente pesaría 3 kilos más.

JC : ¿Ni siquiera ha mejorado algo el riñón, no se ha producido ninguna limpieza celular? Le hablo de tópicos que escuchamos.

JJ : En absoluto se produce ninguna limpieza celular. En todo caso, lo que hacemos es hacer trabajar al riñón de más sin necesidad

viernes, 20 de febrero de 2009

Conducta Animal vs conducta humana.

Cuando examinamos al hombre, observamos dos aspectos, aquel que se refiere a lo que Theilard de Chardin en el "Medio Divino" llama como el de las pasividades, lo que me sucede y del cual no tengo control; en este caso mi existencia producto del azar, la inmensa posibilidad llevo a que un determinado óvulo y un espermatozoide de la especie humana se unieran y dieran lugar al ser que soy, en alguna circunstancia en el tiempo y espacio que no decidí y que luego de nacer y por mucho tiempo me rodearon y no pedí, pasividades por que era vida pasiva EN LA QUE NO TENIA AUTONOMÍA, YO NO DECIDIA NADA, NO CONTROLABA. Mi crecimiento y desarrollo físico y fisiológico bajo la dirección de los genes, se fueron realizando en mí, cuando no tenia voluntad, luego que la tuve, a pesar de ésta. Tuve que aprender a aceptarme como era físicamente. Nací con el cerebro sin melinización completa, no estaba neurológicamente completo y fui aprendiendo a reconocer mi cuerpo y a utilizarlo, primero sentarme, luego gatear para finalmente pararme y caminar, al hacerlo se iniciaba las primeras conexiones neurológicas dependientes de mi relación con el mundo. Después supe que hay 100.000.000.000 ( cienmil millones) de neuronas en nuestro cerebro y que las conexiones que pueden tener cada una de ellas supera los millares, cuando mayor es el número de neuronas interconectadas, mayor o menor es la funcionalidad del mismo.

Como animales que somos y para vivir como tales el tipo y número de conexiones son limitadas entre ciertas regiones.

Empecé a aprender y a pensar relacionado la realidad, las causas que me producian dolor y miedo, efectos por los cuales tenía conductas de huída o de defensa. acciones inicialmente solo reactivas, para lo cual, la naturaleza me habia dotado convenientemente, conductas todavía no racionales, era un bebe.

Me enseñaron las primeras palabras: mamá, papá, al aprenderlas se produjo algo extraordinario las palabras, signos abstractos se relacionaban con dos objetos de mi realidad, y al uso de los mismos en forma mágica aparecian las personas llamadas (El poder de las palabras) y me alegraba, como lo hacen todos los niños..

Al aprender, al recordarlas emergían las emociones de seguridad, alegría y placer indudablemete se realizaban conexiones entre neuronas de diversas regiones cerebrales, y cuando percibí del poder que tenia, que al llamarlas estas aparecian nuevas conexiones enriquecian mi cerebro, esto lo sé ahora.

Cuando Theilard de chardin en el Medio divino menciona nuestras actividades, se refiere a nuestra conducta, de la que somos conscientes y responsables y que es producto de nuestra parte humana.

Aquella conducta no responsable, solo reactiva es mi comportamiento animal, la otra responsable, que tiene en cuenta lo moral, lo ético, lo justo, lo bueno y digno es dependiente de mi desarrollo humano.
La responsabilidad me hace autónomo, me hace libre del animal que soy.

Cuandoo me preocupo en tener, (los fraudes de Madoff, de Robert Stanford, de la bolsa y Bancos, stc), yo antes que los demás, soy la bestia instruida, la conducta es animal.
Cuando pienso en Gandhi, Luter king, la madre Teresa de Calcuta y actuamos responsablemente nuestra conducta es humana, hay desarrollo humano.

Es del desarrollo humano de la que trataré en este Blog.

Jaime Wong B.

jueves, 19 de febrero de 2009

ÉTICA PARA UNA GLOBALIZACIÓN DIFERENTE" José Antonio Marina

(Jose Antonio Marina es filósofo y escritor)

Hace un par de años, coincidí en la soleada Sevilla con Manuel Castells, Alain Touraine y Joaquín Estefanía para hablar sobre la globalización y sus consecuencias. Fue una reunión agradable en la que no nos pusimos de acuerdo. La nueva economía tiene sus optimistas y sus pesimistas tenaces. En aquella ocasión Castells nos contó que estaba muy interesado por el modo como Finlandia se había integrado en la sociedad red, en el universo informacional, en el mundo de la nueva economía, en suma.

Fruto de ese interés es un libro que acabo de recibir, escrito en colaboración con Pekka Himanen, titulado The Information Society and the Welfare State (La sociedad de la información y el Estado del Bienestar).Recordaré a los lectores que Himanen es el autor de un reciente libro sobre las interioridades del mundo informático que lleva el curioso título de La ética del hacker y el espíritu de la era de la información.

El asunto que tratan Castells e Himanen tiene gran relevancia para nuestro futuro y por eso quiero comentárselo a ustedes.

Estamos metidos en un implacable debate sobre concepciones del mundo que parece sin embargo inexistente o anacrónico porque mucha gente cree que ya está definitivamente resuelto. Cunde la idea de que la globalización económica es el triunfo de la eficacia productiva y que no hay más que decir. La competencia generalizada sube el nivel de calidad de los productos, reduce costes y aumenta el bienestar general. Se dice con insistencia que es el único camino para hacerlo. La idea que defienden los liberales espontaneístas -ya les explicaré lo que esto significa- es que la eficacia económica es incompatible no sólo con la estatalización de la economía, tal como la intentó, por ejemplo, la Unión Soviética, sino con cualquier injerencia del Estado en el mundo económico.Pero resulta que la protección social, la defensa de los derechos laborales, el llamado welfare state, exigen una poderosa intervención estatal, de lo que deducen que todas estas políticas son incompatibles con la eficiencia económica.

Si el Estado pretende redistribuir la renta, atender las pretensiones de los ciudadanos o extender redes de protección social, tendrá que aumentar las cargas fiscales y acabará distorsionando el mercado. Al final, disminuirá inevitablemente el bienestar público. Con buenos sentimientos, nos dicen, no se hace ni buena literatura ni buena economía, y añaden que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Los países que se empeñen en mantener esa superficial beneficencia serán arrinconados por la competitividad, feroz pero deseable, en que el mundo se debate. Hayek llegó a decir que la noción de «justicia social» es un amenaza para la libertad.


Llamo liberalismo espontaneísta al que defienden, por ejemplo, los discípulos económicos de Hayek, que en España son numerosos y activos. Estoy pensando en Pedro Schwartz, Carlos Rodríguez Braun o Jesús Huerta de Soto. Su tesis es que sólo se puede confiar en las instituciones que funcionan mediante una evolución espontánea, es decir, dirigidas únicamente por los intereses individuales y por la interacción de sus proyectos. Hayek es un autor de gran energía y hay que pensar en serio lo que dice. Defiende elocuentemente el espontaneísmo aduciendo que no existe una mente privilegiada que desde un cielo platónico pueda dirigir el mercado, la sociedad, los sistemas jurídicos, la normativa moral o cualquier otra realidad social compleja. Nadie puede tener los conocimientos necesarios para hacerlo. Por ello, intentarlo supone una arrogancia suicida o asesina. Alguien -un dictador, un partido, un Estado- cree que tiene la salvación y se empeña en imponerla. El mercado libre, no intervenido ni dirigido, es la única institución que permite aprovechar los conocimientos que poseen todos los actores económicos: productores, técnicos y consumidores.


Resulta que el caso finlandés -como el de otras economías nórdicas- muestra que esta idea no es tan evidente como sus defensores dicen. Finlandia ha conseguido situarse a la cabeza de la economía informacional, alcanzar un nivel tecnológico máximo y mantener a la vez su estructura de Estado social y protector. Para valorar mejor su éxito, debemos recordar que Finlandia ha sido tradicionalmente un país pobre, que todavía en el siglo XIX sufrió una espantosa hambruna en la que murió de hambre cerca del 10% de la población.


El objeto del libro de Manuel Castells y Pekka Himanen es demostrar que el paradigma tecnológico-económico deja un amplio espacio para una elección política basada en valores éticos. Consideran que hay tres grandes modelos de la economía informacional -Silicon Valley (California), Singapur y Finlandia-, cada uno con concepciones diferentes del mundo. Silicon Valley: sociedad de mercado+democracia. Singapur: sociedad de mercado+autoritarismo. Finlandia: sociedad de mercado+democracia+ Estado social. A la vista de los resultados -positivos y negativos- de la globalización, los autores defienden que tenemos que hacer compatibles los valores sociales y económicos «porque de otra manera las contradicciones desencadenarán explosiones sociales y una oposición violenta desde una pluralidad de ángulos, que harán difícil el progreso continuado». Las observaciones empíricas apoyan la conclusión de que el modelo finlandés combina una dinámica economía informacional con una fuerte justicia social y una protección colectiva del trabajo. Existe, pues, la posibilidad de un Estado social en un mundo de economía informacional y globalizada.


Hay otro aspecto que hace extraordinariamente interesante el estudio del fenómeno finlandés. Finlandia ha pretendido también resolver uno de los graves problemas sociales que plantea la globalización, el de hacerla compatible con la identidad cultural. Se han empeñado en inventar una vía finlandesa de acceso a la globalización, un estilo finlandés. La tesis del libro es, por lo tanto, que la sociedad de mercado, tecnológica y globalizada, no impone un único sistema de relaciones económicas, o de organización social, sino que permite distintas acomodaciones culturales y éticas. Y que cada nación debe decidir su propio modelo... si tiene energía y talento para hacerlo.


Estos datos merecen ser meditados aquí y ahora. Me gustaría que la ciudadanía se despegara por un momento de la televisión, del obsesivo interés por las mediocridades de la entrepierna, por el sentimentalismo llorón y falso, por el aburrimiento como forma de vida, y se sintiera interesada por este asunto, del que puede depender su futuro y el de sus hijos. Creo que la sociedad española no está preparándose para mantener su prosperidad en un mundo global y competitivo. Los ciudadanos debemos obligar a nuestros políticos a que se dejen de disputas gallináceas y debatan sobre el modelo de economía por el que queremos progresar. No es verdad que sólo se pueda alcanzar eficacia económica con la desaparición del Estado del Bienestar. Pero tampoco es verdad que cualquier Estado del Bienestar sea compatible con la eficiencia económica. Hay un Estado del Bienestar de la exigencia y el mérito, y hay un Estado del Bienestar de la mangancia y la sopa boba. Y este, al que nos acercamos a toda velocidad, es, desde luego, peor incluso que la competencia pura y dura, porque hace desistir del esfuerzo.


La gran equivocación es pensar que el Estado del Bienestar favorece la comodidad. No es así. Se trata de un proyecto de vida noble y arduo, que no permite el pancismo ni es compatible con una sociedad de la reclamación y de la queja. Es un modo de organizar la vida pública que exige gran talento y gran esfuerzo por parte de todos los ciudadanos, porque nos impone luchar en dos frentes: el de la eficacia económica y el de la justicia. Sólo se podrán conseguir ambos objetivos si existe un alto nivel de educación generalizada, un entorno que favorezca la innovación y aplauda al emprendedor, una Administración más eficiente y productiva, un clima alerta y estimulante en la nación entera y un desprecio feroz hacia los gorrones.

Creo que podemos construir un sistema que aúne la universalidad de los derechos y la universalidad de la exigencia, la igualdad en lo básico y la distinción en el mérito, la eficiencia económica y la protección básica, la iniciativa individual y la acción del Estado. Lo que propongo frente al liberalismo espontaneísta es un liberalismo radical. Si la libertad es el gran motor del sistema de mercado, todo el sistema funcionará mejor cuanto mayor sea la libertad de cada ciudadano. Pero la libertad no consiste sólo en estar libre de injerencias, sino en tener capacidad de creación, en tener recursos intelectuales, físicos y económicos para ampliar las posibilidades de acción. Si el Estado limita esa libertad radical es tiránico, injusto e ineficiente. Pero si aumenta esa libertad radical, es un Estado liberador. El modelo finlandés muestra que el Estado puede ser al mismo tiempo liberador del ciudadano y social. Un Estado con un sistema de protección social alta necesita, sin duda, unos impuestos elevados, y este régimen impositivo sólo puede mantenerse si el aumento de la productividad es superior al aumento fiscal. Para ello el gasto público tiene que ser sabiamente administrado. No tiene que hacer la competencia al sector privado, sino aumentar la competencia del sector privado, de la nación entera. En el caso finlandés la inversión estatal en educación, y en formación tecnológica, ha tenido una importancia decisiva en su gran transformación.


En España tenemos que estudiar el modelo de globalización que queremos. El libro de Castells demuestra que la globalización es un marco amplio que permite múltiples variaciones. La indolencia de casi todos los pensadores de izquierda me parece escandalosa.El sistema de mercado, la nueva economía, la tecnología de la información, la globalización financiera pueden integrarse en diferentes proyectos éticos sin perder por ello su eficacia.¿En qué proyecto ético queremos nosotros integrarlos? Estoy hablando de una decisión trascendental, que exige un empeño a largo plazo, un modo diferente de planificar las inversiones públicas y los proyectos educativos, que no pueden estar sometidos a vaivenes periódicos. Tiene que ser fruto de un concienzudo acuerdo nacional en el que participen fuerzas políticas, económicas, intelectuales y sociales. El Estado, las comunidades autónomas, los partidos políticos, los sindicatos, las universidades, las empresas tienen que cooperar en este diseño. Y tenemos que explicárselo con claridad y dramatismo a la ciudadanía. Estamos inmersos en un trascendental debate mundial, y no tenemos por qué ser meros comparsas de lo que decidan los demás.

Fuente: EL MUNDO